Esencia del ser individual y colectivo

En cada actividad de la vida, -musical, científica, deportiva, política, militar, médica, artística, literaria, obrera, pescadora o labradora, etc.,- destacan significativas personas por poseer y desenvolver capacidades extraordinarias.  Esto lleva a concentrar en estos personajes, tanto la admiración como el seguimiento, imitación, defensa y organización de seguidores, en lo que, de primera impresión, los resultados de todas las acciones que lo circundan, trae consigo una elevación en su estimación social, y probablemente económica -que son casi inseparables- de dicho extraordinario personaje.  La elevación de la estima social, trae consigo, la demanda por la sociedad o sociedades, de unos bienes que puede ser capaz de aportar para consumo de las minorías o mayorías, y que se verá sometido a una gran presión causada por esa demanda.  La originalidad, lo excepcional, lo desconocido, son valores que pueden desencadenar pasiones inversas. A favor o en contra. Según perjudique o pueda beneficiar a los poderes existentes.

En este juego de demanda oferta, se producen las consiguientes dependencias a tenor de otras capacidades que no se poseen y que si se quiere permanecer en esa posición social que se creó con motivo de una capacidad extraordinaria propia y concreta, no tiene más remedio que pactar en el mundo de las influencias, llevado de unos círculos que se forman alrededor de su personalidad y actividad. Sigue leyendo

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El silencio

En nuestras vidas, el ruido, el bullicio de las cosas que perciben nuestros oídos, es el síntoma general que compartimos y ayudamos a crear como necesidad para que, a través de los mecanismos audibles, entender y descifrar cada uno de esos sonidos, sean estos de palabras de las personas como de quejas o gemidos de todo ser. Los ruidos son descifrados enseguida por el subconsciente humano y, según sea ese ruido, las reacciones transmitidas al cerebro, pueden ser muy dispares según la percepción temerosa.     el-silencio-imagen

Son tantos y tan continuados los ruidos que nuestros oídos reciben que, no siendo los que requieren de atención, descifrado, selección y reacción imperativamente urgente (temor), ese oído se acostumbra y adapta a la convivencia con todo ese bullicio de las cosas, que coloca al silencio, como en un estado de rareza en el que el oído no está acostumbrado a explorar el campo inmenso de las percepciones cerebrales del silencio y lo que esto puede suponer para el desenvolvimiento de las actividades cerebrales, que son las que pueden ir conformando una inteligencia progresiva del saber y entender el universo de las cosas. Sigue leyendo