El ser femenino

Histórica y palpablemente, la demostración de que la persona cualificada de humana, pero que no distingue en quienes son humanos y quienes animales en sus actos, obras y sentires, está en el uso y utilización del ser femenino, de la mujer, de la esposa, de la hija, de ese ser igual y complementario en la vida de la persona humana que conforma con el ser masculino, y que a través de todos los siglos de existencia, el ser masculino utilizó y sigue a utilizar a ese “otro” para su propio beneficio en todos los órdenes, tanto domésticos como instrumento de uso sexual sin compromiso, como la apropiación de su voluntad, de sus saberes, valores y capacidades; de regular la vida de ese sexo femenino, como si el ser masculino fuera “dueño” de algo que es “igual” y complementario, o quizás más importante para la existencia que el ser masculino.  La fuerza física, los comportamientos del ser animal que anida en el hombre y que lo aleja del ser humano, son las herramientas e instrumentos que utiliza la gran mayoría del ser masculino para su propio beneficio, para sus intereses y para el placer sexual; que no tiene límites en lo obsceno y para asegurar ese placer en la estructuración de la relación social, marcando los límites a la acción y voluntad de la mujer, del ser femenino. Sigue leyendo

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