Hablemos…, de la política

Catedral de Barcelona
Sagrada Familia – Barcelona

Escribir…, no me entran ganas de escribir de la actualidad en que todo gira alrededor de Cataluña y del Estado Español, pero, hablemos… Abundan escritos y visiones distintas de las problemáticas que se están a dar; observo mucho apasionamiento y medidas de fuerza que no traerán nada bueno; en la confrontación, parece que lo difícil es aportar visiones de futuro que canalicen adecuadamente la convivencia entre personas con distintas culturas e identidades sin que llegue la sangre al río. El desánimo y la lectura de tanto artículo de opinión, me llevó a recordar y leer unos escritos míos de hace nueve años que parecieran premonitorios de la actualidad, pero que son, en verdad, para todo tiempo y lugar porque no dejan de reflejar las actitudes humanas. Copio tan solo, un poco de lo escrito en el año 2008:

El pasado, la historia de la humanidad, analizándola críticamente, nos enseña que la inteligencia dio en conformar un poder o poderes, y someter a los demás, a los iguales, a los designios y caprichos de los poderosos.  Así se conformaron los poderes y se les fue dando –y sigue- nombres diversos según el lugar.  De faraones, reyes, emperadores, caudillos, zares, césares y muchos más nombres que significan lo mismo: poder absoluto, está llena la vida de la especie humana, y como tal, lo vivido bajo todas esas formas absolutistas del poder.

De los poderes absolutos, pasamos a poderes tele-dirigidos con artificiosas tela-arañas que nos mueven a todos al son de los de siempre, de las élites que acaparan poderes en lo económico, en lo político, en lo militar, en lo religioso, en las mafias y organizaciones secretas que operan en la clandestinidad moviendo flujos económicos que manejan entidades y personas que escapan al control público.

La forma de gobernar y administrar, de hacer política y justicia, está completamente desfasado y al servicio de las élites y su poder.  Tratar de explicar esto sería inútil pues, ya está más que explicado y visto en todos los cantos de la vida, desde el más pequeño de los núcleos habitados, hasta las grandes ciudades y estados que conformamos, en un variado cinismo que mantiene las mismas estructuras de servicio para con los representantes de ese poder.  En la actualidad, la palabra mágica “Democracia”, oculta toda una estrategia en la que se esconden todos esos poderes.  Moviendo hilos y más hilos, -políticos, judiciales, económicos, militares, religiosos, culturales, mediáticos, etc.- los poderes siguen donde siempre y más fortalecidos, utilizando siempre la carne de cañón del pueblo, del soldado y de los que quieren subir por la escalera de la avaricia, que es muy amplia…

Innumerables personajes lo denuncian una y otra vez.  Muchos de ellos son asesinados, otros perseguidos y encarcelados, a otros se les enmudece y a otros muchos se les compra para la causa del poder.  Los pueblos se organizan y tratan de valerse por sí mismos.  Los poderes lo impiden con mil formas.  La ley hecha por estos poderes, es la primera forma que se utiliza para impedir que el pueblo, los pueblos diversos se auto-gestionen sin el protectorado interesado de estructuras conseguidas por la fuerza o con artimañas históricas. –cómo las hereditarias de determinadas castas familiares-

Sería infinidad las razones que se pueden escribir y argumentar para poner en tela de juicio el “Derecho”, todo el Derecho, tanto en plano local como nacional o internacional.  A pesar de que muchos profesionales sí merecen el respeto a su labor y a su ética.  Pero no es esa labor -individualizada- la que se pone en cuestión, sino todo el edificio del Derecho, que no es quién de librarse de la acción corrosiva de los poderes.  De ellos vive, de ellos se alimenta y a ellos les sirve.  Por tanto, no hay tal Derecho ni Justicia.  Lo que hay, es la manipulación dese derecho a tener una justicia completamente imparcial, independiente, con criterios superiores de la ética al servicio de los ciudadanos, de humildad y sencillez en el ejercicio de la profesión, y garantías de no verse involucrado en favores ni estimulado por los poderes que operan para condicionar su labor, sobre todo por parte de lo político, militar, económico y religioso.

La sociedad tiene que garantizar que el débil, el carente de recursos, de medios culturales o de impedimentos físicos, pueda tener esa justicia que lo ampare ante el poderoso.  Si no es así, el débil percibe a la justicia como una amenaza en su vivir.  Ese amparo, no puede ser ficticio o marginal, sino que tiene que ser fuerte y poderoso en medios y recursos, igualando el potencial del oponente, para que de esa forma, las aguas estén niveladas a la hora de un razonamiento jurídico imparcial y eminentemente perfecto en su ética.

Por mucho que pasen cientos y miles de años, el sistema de vida siempre se repite. Cambian las formas, los escenarios, los modos, las técnicas, los instrumentos, los niveles de desenvolvimiento, pero la esencia misma de la imposición de los intereses de las oligarquías conformadas del momento, vencen en la lucha humana; vence la “inteligencia de valores negativos” a la “inteligencia de valores positivos” porque las armas que utilizan, juegan siempre con la vida y el hambre, nunca lo garantizan; y eso supone temor, terror, miedo por instinto de supervivencia. Estas élites, buscan tener influencia en toda cuanta institución se conforme en representación del pueblo, sabedores de que las instituciones “representativas” están llenas de voluntarios en conformar “inteligencias negativas” que los catapulten a lugares de privilegio en la subida piramidal”

 

Una vez leído estas cosas escritas hace nueve años y observando la actualidad en la que estoy inserto, sigo a pensar lo mismo y a confirmarme que las élites conformadas en la dictadura franquista, apestan en las actuaciones y decisiones que se están dando, tanto de la judicatura, como del poder político y administrativo del Estado Español que conforman hoy tres partidos concretos: el Partido Popular, el PSOE y el apéndice salido del Íbex35 para frenar el revulsivo que supuso el 15M y la aparición pública de Podemos. Esto no es un Estado Democrático, y lo demuestra la querella de un fiscal general del Estado y los autos de la jueza de instrucción en los casos “Puigdemont”, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. Y para rematar, leyendo en los digitales, no dejo de estar de acuerdo en lo escrito por DONGUIDO el 3 de noviembre de este año en El Diario.es que dice: (Traducido) “Pues leyendo su artículo -de Javier Pérez Royo- el tan cacareado Estado de Derecho, resulta que no es tal. Estoy harto de ver periodistas y tertulianos, más o menos progresistas, que se pliegan al mensaje teledirigido de los voceros de la derecha. Cuestionan la decisión puntual de un juez, pero mantienen el discurso oficial de que en España hay separación de poderes. No importa que, si sumamos todas las decisiones puntuales cuestionadas, estas no sean anécdota, sino categoría. Pero esto, en propaganda política, es más viejo que mear. Los manipuladores van creando un clima de opinión mayoritario, en el que los opositores no tienen el coraje de enfrentarse para no salirse de lo políticamente correcto.

Al final, silenciada por cobardía, la voz crítica de la mayoría de estos periodistas, que no olvidemos son nuestra voz, también queda aplastada la oposición a los poderes que acaban imponiendo el relato único. Yo, como no soy periodista, ni como de eso, desde mi parcela de opinión, escribiendo y hablando en mis círculos, me rebelo. España no es un Estado de Derecho, y el Poder Judicial, mayoritariamente, es un apéndice del Poder Político. Que haya jueces, que los hay, independientes, no valida el sistema. El Consejo General y el Tribunal Constitucional están parcelados y responden a cuotas de poder que cada partido tiene, el Fiscal General obedece ordenes del Gobierno que lo nombra, y la Fiscalía es una institución jerárquica. Por tanto, actúan bajo el peso de dos artículos:

Art. 1: El superior siempre tiene razón.

Art. 2: Cuando el superior se equivoca, se aplica el artículo primero.

Los miembros del Tribunal Supremo son promocionados por el politizado Consejo General, y la Audiencia Nacional, creada específicamente para el terrorismo de ETA, ahora es la reedición del franquista T.O.P., y hasta los Jueces de Paz, dependen de la composición política del ayuntamiento. Ya está bien de hipocresía y plegamiento al discurso oficial del poder. Yo discrepo. No somos un Estado de Derecho, sino un MONARCO-FRANCO de DERECHAS”

Leído todo esto, pienso que los males de esta Península Ibérica no vienen precisamente porque Cataluña, Galicia o Euskadi, por tener como tienen su identidad y habla distintas y aspiren a conformarse en Estado de Derecho, sean los culpables de eses males, sino que es un Estado Imperial fracasado (el español) que no supo integrar las riquezas de esa diversidad, por el desprecio que sienten las élites y los herederos intelectuales de esa España fracasada, a las diferencias idiomáticas que no pudieron destruir y que siguen en su empeño. La muestra está en que “imponen” se les hable “cristiano” cuando viajan por la península, por un desconocimiento alentado desde la administración del Estado, sin hacer nada por el enriquecimiento cultural e idiomático. Nada parecido a Suiza, donde todas las comunidades aprenden en la escuela las “otras” hablas, que no les impide desenvolverse y entenderse sin la imposición del “hábleme usted cristiano”.

 

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